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 LA PROBLEMATICA DE LOS NUMEROS EN LA INTERPRETACION (no especif. LS)

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MensajeTema: LA PROBLEMATICA DE LOS NUMEROS EN LA INTERPRETACION (no especif. LS)   Mar Abr 06 2010, 11:25

El siguiente texto, tomado del Libro de Actas del II Congreso Internacional sobre Traduccion -Universidad Autónoma de Barcelona-, analiza la dificultad de la interpretación de números. Aunque no se refiere a las lenguas signadas, muchos de los puntos que se tratan en este artículo pueden ayudarnos a comprender por qué cuesta tanto retener y traducir la información numérica y, tal vez, ayudarnos a paliar el problema, evitar bloqueos, etc.



LA PROBLEMATICA DE LOS NUMEROS EN LA INTERPRETACION

Ulrike Oster
Intérprete


1. INTRODUCCIÓN
Uno de los primeros problemas con que se encuentra el estudiante de interpretación es la transmisión correcta de los números que, incluso de intérpretes expertos, requiere una concentración más alta de lo normal.
En este trabajo, nos hemos propuesto analizar cuáles son las dificultades concretas que supone la aparición de números en la interpretación consecutiva y en la simultánea. Intentamos dar algunos consejos sobre cómo superar el problema o, al menos, cómo atenuarlo o evitarlo.

La mayoría de las obras sobre teoría de la interpretación tratan esta temática con mayor o menor detenimiento. A modo de ejemplo, resumiremos los planteamientos de algunos autores.
Finalmente, buscaremos posibles explicaciones al porqué de esta especial dificultad de algo aparentemente tan simple como el traducir un número de un idioma a otro. Nos basaremos, para ello, en la explicación científica del funcionamiento del cerebro.
2. LOS NÚMEROS EN LA TEORÍA DE LA INTERPRETACIÓN
2.1. Danika Seleskovitch
Donde más a fondo se trata este tema es en las obras de Danica Seleskovitch y Marianne Lederer. Estas dos autoras se refieren, sobre todo, a la interpretación consecutiva y a los problemas que plantea la notación de números.

Según Seleskovitch y Lederer, bien se podría pensar que la interpretación de números debería ser algo sencillo, ya que, al contrario de lo que ocurre con otras palabras, éstas sólo tienen un significado, igual en todas las lenguas, que se puede anotar fácilmente con el correspondiente guarismo. El proceso de la interpretación se limita, pues, a la decodificación de lo que se ha escuchado, la recodificación mediante un símbolo y, finalmente, la decodificación de éste en la lengua de llegada (ejemplo: “cinco” --> 5 --> fünf). Por consiguiente, no es necesaria la transcodificación.

Sin embargo, el contenido semántico de los números es menor que el de
otras palabras, por lo que son más difíciles de recordar. Sólo en muy contados casos tienen una connotación especial o un valor semántico adicional (3 ó 7 como números de la suerte, por ejemplo, o el 13 como número de la mala suerte).
Seleskovitch distingue, por un lado, la memoria verbal (mémoire verbale), que retiene la imagen acústica de una palabra que se escucha, y, por otro lado, la memoria del sentido (mémoire du sens). La primera almacena la información sólo durante algunos segundos. En cuanto se puedan obtener unidades semánticas mediante la combinación de imágenes acústicas, dichas unidades pasan a la memoria del sentido, que retiene la información por más tiempo.
Como los números no tienen un sentido propiamente dicho, no pueden ser almacenados de esta forma automática. Para que esto ocurriera, el intérprete tendría que concentrarse en el número y volver a pensarlo. Ello interferiría en el procesamiento analítico del texto llevado a cabo al mismo tiempo.

Por consiguiente, los números se deben anotar inmediatamente en cualquier caso; aun así, se interrumpe el proceso de la asimilación del sentido.

Esto se puede deducir de un experimento con estudiantes de interpretación, a los que se leyó un texto con varios múmeros. El análisis de las notas revela que la toma de notas se volvía más literal al aparecer los números. Sólo un buen rato después recobraba la buena estructuración que había tenido antes de la aparición de los números, lo cual indica una mejor comprensión de lo escuchado en el momento de anotar.

Por otra parte, Seleskovitch sostiene que un único número es más perjudicial para el análisis que toda una serie de ellos. Este fenómeno se debe a que, al haber varias cifras, el intérprete tiene la posibilidad de reaccionar adecuadamente, esto es, redoblar la concentración para anotar correctamente los números y no perder el hilo del discurso.
En lo referente al proceso de aprendizaje de la transmisión correcta de números, Seleskovitch afirma que, al principio, lo importante es captar y transmitir la magnitud aproximada. Refiriéndose a un pasaje de un texto interpretado por un estudiante, elogia la transformación de el 26% en una cuarta parte, el 58% en más de la mitad y 46 de 71 en más de la mitad, también.
Con ello, aboga por no pegarse a la palabra, al menos al empezar, incluso si ello va en detrimento de la exactitud. Esto resulta coherente con lo antedicho, ya que, en los ejemplos, el intérprete demuestra que ha analizado lo oído y al transformar el mero número 56 en más de la mitad, le da un sentido adicional, que, según el razonamiento de la autora, debería ser más fácil de recordar.
No obstante, nos parece que este proceso de análisis es más difícil que la toma de nota automática de los números. Transformar 46 de 71 en más de la mitad, a mi juicio, requiere una concentración más alta todavía e interfiere, por lo menos, en la misma medida en el análisis de la parte no-numérica del texto.
2.2. Heinz Matyssek
Según este autor, los números en la interpretación consecutiva no presentan ninguna dificultad si el intérprete utiliza algún sistema de abreviaturas para ahorrarse, por ejemplo, los ceros en números grandes (ejemplo: 3000 --> 3; 3 millones --> 3; 3 mil millones --> 3)*.
* (NOTA: en el texto original los treses del ejemplo incluyen una rallita dibujada sobre el número, más gruesa cuanto mayor es el número original)

Además, destaca la importancia de reflejar en las notas la posible información adicional contenida en expresiones como “por lo menos”, “más de”, “hasta”, etc. Para este fin, Matyssek propone que el intérprete se elabore un sistema propio.
2.3. Jean Hebert

Herbert sólo se refiere brevemente a esta problemática. También propone la aplicación de algún sistema de notación para ahorrar tiempo.
3. DIFERENTES ASPECTOS PROBLEMÁTICOS DE LA INTERPRETACIÓN DE LOS NÚMEROS
La teoría de la interpretación, por tanto, hace referencia a los problemas generales que surgen a la hora de entender, anotar o transmitir los números. Aquí se tratará, sin embargo, de mostrar cuáles son las dificultades concretas, en especial en la combinación de idiomas español-alemán.

3.1. La dificultad de entender

El primer problema es el de entender correctamente. Para entender una palabra cualquiera, no es absolutamente necesario escuchar cada sílaba o incluso cada fonema con exactitud, ya que es posible derivar del contexto la información que falta. En cambio, si el orador no pronuncia con claridad un número, el intérprete no puede deducirlo del contexto y, en este caso, un error de audición puede llevar a un cambio sustancial de la información.
Lo que puede dificultar la cosa más todavía es el hecho de que la mayoría de los oradores prefiere leer los números para no equivocarse, incluso si pronuncia el resto del discurso sin mirar el manuscrito. Esto puede ser la causa de que, de repente, hable más rápido. Especialmente en el caso de la mención de fechas, que resulta larga y molesta, algunos oradores parecen querer dejarla atrás lo más deprisa posible.

Otra dificultad de la audición se da cuando números distintos se parecen mucho entre sí fonéticamente y se confunden con facilidad (ejemplo: sesentasetenta, siebzehn-siebzig).
3.2. Errores del orador
En la inmensa mayoría de los casos, el intérprete no está en condiciones de decidir si el número que acaba de escuchar o que cree haber escuchado es correcto. Por ello, no puede entrar en fucionamiento el mecanismo interior de control que, en otros casos, impide que el intérprete diga tonterías.

No obstante, puede ocurrir que el orador se haya equivocado. Caso que
el intérprete se dé cuenta de ello y sepa cuál es el número correcto, se encuentra en el dilema de decidir entre, o bien corregir al orador, o bien reflejar fielmente lo escuchado.
3.3. Las unidades
Una dificultad adicional se plantea cuando se mencionan los números junto con unidades de medida. Cuando se trata, por ejemplo, de temas altamente técnicos, bien es posible que el intérprete no conozca todas las unidades de medida que puedan aparecer. Además, a menudo, sólo se utiliza la abreviatura o la forma inglesa, lo cual es todavía más difícil de reconocer (ejemplo: “tce” = tons of coal equivalent). Tener que anotar una sucesión prolongada de números en interpretación consecutiva crea el problema de que, por falta de tiempo, no es posible anotar, junto a cada valor, la unidad correspondiente. A la hora de interpretar, sin embargo, es importante combinarlos correctamente.

Muy raramente aparece un único número. Lo normal es que aparezcan en comparaciones, combinaciones o sucesiones de varios de ellos (un ejemplo de una clase de interpretación, sin que sea el más exagerado: “...la actividad económica tuvo un crecimiento del 3,4% en 1990 —la tasa más alta desde 1978—y la inflación se redujo de un 23% en 1989 a un 19% en 1990. Para 1991 se espera...”). Especialmente en la interpretación simultánea son necesarios, por ello, una alta concentración y un esfuerzo por acortar al máximo el intervalo entre orador e intérprete. Esto significa que el intérprete tiene que incorporar
de inmediato los números en su discurso, por lo que se da el peligro de que, mientras se concentra en ellos, olvide cómo había empezado la oración.
3.4. Diferencias en el sistema numérico
Una dificultad concreta de la combinación de los idiomas alemán y español reside, por ejemplo, en la diferencia de estructuración de los números de dos cifras. En español se dicen primero las decenas y luego las unidades, mientras que en alemán ocurre al revés.
Incluso si este cambio de orden está ya muy interiorizado por el intérprete y éste traduce automáticamente —y sin pensarlo— “treinta y seis” por sechsunddreißig. O, quizá precisamente debido a que no es consciente de que pueda suponer un problema, puede ocurrir que, sin darse cuenta de ello, algunas veces sí que diga dreiundsechzig. Y, sin embargo, juraría haber dicho sechsunddreißig o haber escuchado “sesenta y tres”.

También las diferencias del sistema a partir de los mil millones pueden crear dificultades. Por ejemplo, requiere concentración y un poco de reflexión traducir “siete mil setecientos millones” por 7,7 Milliarden o, a la inversa, eine Billiarde por “mil billones”.
4. ALGUNAS PROPUESTAS DE SOLUCIÓN
Es natural que en este campo no exista una solución milagrosa que resuelva todos los problemas a la vez. Lo máximo a que se puede aspirar es a ofrecer una orientación acerca de cómo atenuar los problemas en general, y proponer algunos trucos sobre cómo evitar, o solucionar, algunos aspectos concretos de la problemática.
Un primer paso importante consiste en tomar conciencia de que existen
los problemas mencionados y que requieren una mayor concentración. En cuanto aparecen números, el intérprete tiene que aumentar su atención. No obstante, no se debe exagerar la concentración de tal forma que se pierda el resto de la frase. Esta conciencia tampoco debe cultivarse hasta el punto de que el problema se convierta en algo insoluble para uno y la mente se bloquee cada vez que aparezca un número.

Quisiera referirme, primero, a algunas dificultades concretas que se dan
tanto en interpretación simultánea como en consecutiva.
4.1. Diferencias del sistema numérico
Para traducir correctamente del español al alemán cantidades superiores a mil millones se requiere, ante todo, práctica. Resulta útil, además, tener en cuenta que estos valores aparecen, sobre todo, en macroeconomía. En alemán, en estos casos, se suele hablar de Milliarden, aunque sean cantidades inferiores a los mil millones (ejemplo: 500 millones --> 0,5 Milliarden). Por ello, constituye una ayuda acostumbrarse a poner delante de la coma todo aquello que, en castellano, va delante de la palabra “mil”. Lo que va después, se pone detrás de la coma (ejemplo: “tres mil cuatrocientos millones” --> 3,4 Milliarden).

También en lo que se refiere a la confusión entre decenas y unidades —un problema que afecta más a la interpretación simultánea— lo importante es tener presente la diferencia entre los sistemas alemán y español. Prueba de la necesidad de esta toma de conciencia es el hecho de que, a menudo, el intérprete advierte su error en estos números aparentemente fáciles sólo cuando realiza el control posterior.
Otra posible ayuda consiste en representar mentalmente la imagen del
número escrito o, incluso en simultánea, anotarlo.
4.2. Redondear
Por regla general y si el contexto no requiere una exactitud extrema, se puede decir que, hasta cierto punto, es lícito redondear, (ejemplo: “mil ochocientos setenta y cinco millones” Õ 1,8 Milliarden). También es aconsejable hacerlo cuando el intérprete no está muy seguro de haber oído o anotado bien. En estos casos más vale dar un valor aproximado y añadir un “más o menos”, “más de” o algo por el estilo que arriesgarse a equivocarse.

La información adicional contenida en expresiones como “por lo menos”,
“a lo sumo”, “casi”, “más de”, etc. reviste casi la misma importancia que el número en sí. Tales expresiones siempre se deben anotar (en consecutiva) o interpretar (en simultánea) inmediatamente.
4.3. Fechas

Por un lado, las fechas suponen una especial dificultad para el intérprete por la velocidad con que se suelen pronunciar. Por otro, le ofrecen cierto margen para ganar o rellenar tiempo.
Cuando se trata de nuestro siglo —o sea el siglo XX—, lo cual es el caso más frecuente, el intérprete de simultánea se puede ahorrar las dos primeras cifras de los años y nombrar sólo década y año.
Mientras que en la interpretación simultánea ésta es una solución de emergencia, en consecutiva se aplica siempre. Las notas sólo deben reflejar lo imprescindible (ejemplo: 1743 --> 1743, 1943 --> ‘43, 1983-85 --> 83-5). Al reconstruir el texto mediante sus notas, el intérprete puede optar por volver a añadir el siglo o mantener la forma abreviada.
4.4. Equivocaciones por parte del orador

Los números no sólo causan problemas al intérprete, sino que también el orador se puede equivocar. En la mayoría de los casos, el intérprete no se da cuenta, siquiera, del error. En casos muy obvios, sin embargo, por ejemplo cuando se trata de alguna fecha muy conocida, tiene que decidir rápidamente entre corregir al orador o transmitir el error.
En interpretación consecutiva no es difícil evitar este dilema, ya que el intérprete puede consultar al orador. En todo caso, esta consulta debería hacerse de forma indirecta, por ejemplo diciendo: “no estoy muy seguro de si he anotado bien esta fecha...”, o algo parecido.
En la interpretación simultánea no se debe corregir al orador, sino transmitir fielmente sus palabras. Sólo en casos muy excepcionales es posible una corrección. Además de que se tiene que tratar de un lapsus obvio, es necesario que el intérprete conozca bien al orador para poder estar seguro de que no ha sido un error intencionado.
4.5. Aparición masiva de números
Existen técnicas diferentes en simultánea y en consecutiva para hacer frente a la aparición masiva de números.
En consecutiva supone una gran ayuda apuntar los números uno debajo
del otro. De esta forma, se facilita la percepción visual de lo escrito. Esta técnica de apuntar en forma de columna es imprescindible cuando se trata de una enumeración de varias categorías de valores (ejemplo: años: 1988, 1990; valores absolutos: 10 toneladas, 12 toneladas; porcentajes: el 5% de la producción total, el 3,5%, etc.). Así, las unidades sólo se apuntan una vez.

En simultánea es necesario reducir el intervalo entre discurso e interpretación, ya que los números se almacenan en la memoria durante menos tiempo que otras unidades semánticas (véase Seleskovitch). Por otra parte, el décalage tampoco debe ser demasiado corto, sobre todo en números elevados y compuestos. Si, por ejemplo, el intérprete escucha “diecinueve mil” y empieza, en alemán, con neunzehntausend, dándose cuenta, más tarde, de que se trata de “diecinueve mil millones”, no le queda más remedio que corregirse y transformarlo en 19 Milliarden.

4.6. Apuntar en la interpretación simultánea
Se suele recomendar a los estudiantes apuntar los números inmediatamente, también en simultánea. De esta manera, se ayuda a la mente con una imagen visual de lo escuchado o, incluso, es posible integrar los números en un momento posterior, leyéndolos, cuando la memoria ya los habría olvidado.
Algunos intérpretes aplican esta técnica con mucho éxito; a otros no les sirve de nada, porque la concentración adicional requerida por el hecho de escribir interfiere demasiado en la transmisión del texto.
Resulta muy útil, sin duda, en caso de haber dos intérpretes en la cabina, si uno de ellos está dispuesto a apuntar los números.
5. EL FUNCIONAMIENTO DEL CEREBRO
En lo que se refiere a la neurofisiología, se dan dos fenómenos que pueden ser de interés para el análisis de las causas de nuestro problema.

Por un lado, la memoria se subdivide en varias partes con distintas funciones y distintas formas de almacenamiento de datos. Por otro lado, tiene cierta influencia la lateralidad del cerebro.
El funcionamiento del cerebro ha sido objeto de abundante investigación y parece existir un consenso sobre su funcionamiento fisiológico. En el campo de la psicolingüística, las teorías son más divergentes. Como la neurofisiología no se ha estudiado muy a fondo en relación a la interpretación, nos limitamos a presentar algunas teorías básicas y a sacar de ellas nuestras propias conclusiones sobre la manera en que esto puede afectar a la interpretación de los números.
5.1. Diferentes tipos de memoria
Existe un consenso sobre la existencia de varios tipos de memoria.
Generalmente se habla de tres: la memoria de tiempo ultracorto, la memoria de tiempo corto y la de tiempo largo.
— En la memoria ultracorta (sensorial, inmediata), la información sólo se
conserva unos 750 mseg. La capacidad de almacenamiento es mayor que la de procesamiento, de modo que una parte de la información que llega se olvida en seguida.
— En la memoria de tiempo corto, se codifica la información sin ordenar,
procedente de la de tiempo ultracorto, y se obtienen unidades de sentido.
La capacidad de almacenamiento depende de una serie de factores (presentación de la información, complejidad, etc.). Los diferentes autores hablan de una capacidad de entre cuatro y diez unidades y una duración de entre unos pocos segundos y veinte minutos. La memoria de tiempo corto puede entrar en contacto con la de tiempo largo, obtener información almacenada en ésta y reconstruir algo que se haya perdido en parte.

Según Klampfl-Lehmann, la memoria de tiempo corto retiene datos durante veinte minutos. Aquéllos que no hayan sido transferidos a la de tiempo largo en ese lapso se borran.
— En la memoria de tiempo largo se almacena permanentemente toda la
información recogida por un individuo a lo largo de su vida.
También resulta interesante la teoría de que, para poder entender una información nueva, se debe establecer una relación entre ésta y otros datos almacenados con anterioridad. Si la diferencia entre la información antigua y la nueva es demasiado grande o si no se produce ninguna asociación mental, no tiene lugar la asimilación de la nueva.
Esto podría explicar, en parte, las dificultades en la interpretación de los números. Estos, aparte de su valor cuantitativo, no tienen ningún sentido ni producen asociaciones. Por ello, si el intérprete no hace un esfuerzo por memorizarlos (pensarlos otra vez, como dice Seleskovitch), los tiene que interpretar sólo con la ayuda de la memoria de tiempo corto.

El hecho de que esta memoria no es capaz de procesar toda la información que llega explicaría por qué, de una larga serie de números, el intérprete a veces sólo alcanza a transmitir una parte. No es posible retener todos los detalles de una frase complicada. En un caso normal (sin números), se descarta lo prescindible —la construcción sintáctica, trivialidades, etc.— y se retiene lo esencial: el contenido. Con los números, este procedimiento no es posible, y puede ocurrir que algunos de ellos se olviden.

5.2. La lateralidad
El cerebro humano se compone de dos hemisferios con diferentes funciones y habilidades. En una persona diestra, el hemisferio izquierdo se ocupa de todo aquello que tiene que ver con lo lingüístico, lo racional, lo consciente y, también, de cálculos y de los números. El hemisferio derecho, por otro lado, da vida a lo gráfico, lo emocional o lo inconsciente. En una persona zurda, la distribución es al revés.
No se puede sacar, por ello, ninguna conclusión sobre una diferencia entre el procesamiento de la información de tipo lingüístico y la de tipo numérico.

Sin embargo, es posible explicar la ayuda que supone el hecho de anotar las cifras en la interpretación simultánea. Como el hemisferio derecho es el que se ocupa de la percepción visual de dibujos (entre los que se podrían contar, en sentido amplio, los guarismos), esto supone un apoyo para el hemisferio izquierdo que es el que más trabaja en la interpretación.

De la misma manera, se puede justificar la recomendación de imaginarse
el número tal como se escribiría para evitar el problema de la confusión de decenas y unidades.
BIBLIOGRAFIA (no copiado, ver texto original en libro de actas)
Actes del II Congrés Internacional sobre Traducció, UAB (pag. 161-170)
Descargar: LIBRO DE ACTAS


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