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 EMPONDERANDO A LOS SORDOS

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MensajeTema: EMPONDERANDO A LOS SORDOS   Lun Dic 08 2008, 21:50

Tomado de la Biblioteca Virtual Cervantes, donde también se encuentra en video signado.

http://www.cervantesvirtual.com/portal/signos/cult_com/r000001/index2.htm


EMPONDERANDO A LOS SORDOS. DEJEMOS QUE LOS SORDOS SEAN SORDOS.
El presente trabajo es la traducción literaria de 'Empowering the deaf. Let deaf be deaf', informe publicado originalmente en Journal of Epidemiology and Community Health 2000; 54: 40-44.

La traducción al castellano es de José Francisco Fernández, publicada en Faro del SIlencio con la autorización de las autoras de dicha publicación.
Irma Mª Muñoz Baell, Mª Teresa Ruiz

Resumen

A menudo la sordera se considera un fenómeno único; en consecuencia, las personas sordas son vistas como un colectivo unificado que comparte un mismo problema. Desde el punto de vista médico, es común trabajar con una clasificación de la sordera que diferencia las patologías atribuibles a un trastorno del oído interno de las patologías atribuibles a un trastorno del oído externo/medio; por lo tanto, a la intervención médica, le interesa más el origen, grado y tipo de pérdida, su aparición y la patología estructural de la sordera, que la discapacidad comunicativa y las implicaciones que pueda tener para el paciente (fundamentalmente: dependencia, rechazo de un comportamiento auditivo anormal, baja autoestima y ruptura de las relaciones sociales). En este artículo, sostenemos que la pérdida auditiva es un fenómeno complejo que tiene muchas y serias consecuencias para las personas, conllevando un gran número de factores y cuestiones que deberían examinarse cuidadosamente. La consecuencia inmediata de la sordera es una interrupción de la comunicación por la que la función comunicativa ha de ser iniciada o restaurada; en este sentido, las estrategias de empoderamiento (‘empowerment’) – dirigidas a promover no sólo un empoderamiento psicológico más tradicional sino también uno de índole comunitario – deberían centrarse en primer lugar en la eliminación de las barreras de comunicación.


Modelo clínico-patológico versus modelo sociocultural de la sordera

En la literatura científica de los últimos años se han abordado y discutido dos perspectivas opuestas a la hora de conceptualizar la sordera en la sociedad contemporánea:1-5 la primera, define la sordera como un estado patológico, mientras que la segunda la considera como un identificador cultural. Ambos modelos han condicionado la forma en que recientemente se ha llevado a cabo la investigación sobre la sordera6 y han influido y determinado fuertemente la visión social sobre las personas sordas y su educación.

La perspectiva patológica, que se centra en el fallo del mecanismo auditivo, define la como una enfermedad que precisa de alguna clase de remedio ya sea corrigiéndola o compensándola. De acuerdo con este modelo, las personas con una sordera moderada o profunda se pueden agrupar como objetos de un único análisis;6 es más, este modelo enfatiza la necesidad de fomentar el habla y la lectura labial basándose en el supuesto de que la competencia en una lengua oral es el único medio para el desarrollo cognitivo del niño.5 La consecuencia directa de este enfoque es, por consiguiente, el rechazo a la utilización de la lengua de signos en los colegios.

Sin embargo, un número cada vez mayor de personas sordas no se consideran a sí mismas como discapacitadas o minusválidas,7 sino que reclaman que se las vea y respete como un grupo cultural distinto con sus propias creencias, necesidades, opiniones, costumbres y lengua. Los miembros de la comunidad sorda definen la sordera como un término cultural más que audiológico. El modelo sociocultural reconoce diferencias sociolingüísticas significativas entre las personas que se autodenominan sordas y las personas que prefieren el término de ‘duro de oído’; entre las personas que se sienten orgullosas de pertenecer a la comunidad sorda y aquellas que la rechazan porque, en la mayoría de los casos, pertenecen a realidades culturales y lingüísticas diferentes. Por consiguiente, se concluye que estas personas deben agruparse por separado para su análisis.

Como acabamos de mencionar, las dos perspectivas se contraponen porque sostienen nociones diferentes de la sordera. Normalmente, cuando se enfrentan las personas que comparten uno u otro punto de vista acaban en conflictos insolubles que no son otra cosa que el resultado de expectativas diferentes acerca del comportamiento del otro que, inevitablemente, colisionan. Un ejemplo de esto, lo podemos encontrar actualmente en algunos colegios para niños sordos en los que la defensa de algunos padres sordos del uso de la lengua de signos como parte del currículum escolar en la educación de sus hijos, entra en conflicto con el anclaje de algunos profesores oyentes en una todavía pretendida importancia de la competencia en una lengua hablada, como única forma legítima de educar a los niños sordos.
Comunidad oyente versus comunidad sorda

La comunidad oyente

Históricamente, la cultura oyente dominante ha relegado a las personas sordas a categorías sociales tales como “discapacitados” o “marginados”. La historia de opresión y exclusión de la comunidad sorda – aunque con importantes variantes dependiendo del país – y la ignorancia y el rechazo del medio de comunicación natural y preferido por muchos de ellos, es un fenómeno bien conocido y denunciado en numerosas ocasiones.

Sin embargo las personas sordas son discapacitadas más a causa de las transacciones con el mundo oyente, que a causa de la patología de su trastorno auditivo. Desgraciadamente, la imagen social de la sordera sigue marcada en nuestros días en demasiados países no sólo por un estigma patológico profundamente enraizado, sino también por estereotipos negativos y actitudes llenas de prejuicios hacia los sordos - atribuibles fundamentalmente a un profundo desconocimiento por parte de la sociedad, de los mecanismos de comunicación y de cómo funcionan estos conjuntamente con la cultura -, que han influido desfavorablemente en las políticas médicas, legales y educativas con respecto a los sordos.

Hasta tal punto ha influido la visión mundial de la sordera sobre tantos aspectos que conciernen a las personas sordas, que resulta esencial realizar una revisión del tema en estos momentos.


La comunidad sorda

Pese a que ser sordo tiene muchas implicaciones, poco se sabe acerca de ellas; probablemente la sordera congénita ha sido la más estudiada - y durante más tiempo estudiada -, a causa de las serias consecuencias que la privación temprana de audición tiene sobre el desarrollo intelectual, conductual, cognitivo, psicológico y social del niño. Dentro de este grupo, hay que establecer una distinción entre: a) niños sordos, nacidos de padres sordos, que adquieren la lengua de signos como primera lengua; b) niños sordos nacidos de padres oyentes que ignoran la existencia de la lengua de signos o la rechazan; y c) niños sordos pertenecientes a familias donde hay otro miembro sordo.

Las consecuencias de la sordera congénita no difieren de aquellas derivadas de la sordera adquirida en los casos de personas que nacen con audición normal y la pierden en la primera infancia, antes de entrar en contacto con cualquier lengua oral; sin embargo sí que difieren de las consecuencias que resultan de una sordera adquirida, cuando la pérdida auditiva se produce en una fase de la infancia más tardía. Ésta es la razón por la que normalmente hablamos de sordera preverbal o prelocutiva, para referirnos a la primera y postverbal o postlocutiva para aludir a la segunda.

Por otra parte, la sordera adquirida en la edad adulta crea problemas que difieren de los que tienen aquellos que han nacido sordos o han perdido su audición en la primera infancia o en una etapa más tardía; de nuevo aquí debemos distinguir entre sordera profesional y presbiacusia.

Las comunidades sorda y oyente se enfrentan a un desafío común. Ambas se encuentran con una barrera comunicativa cuando tienen que tratar la una con la otra y las diferencias residen en cómo este obstáculo determina sus vidas y cómo lo perciben.

En el caso de la sordera de aparición temprana, la privación temprana del lenguaje tiene un efecto directo en cómo el niño adquiere el conocimiento social; esto es, si el conocimiento social se halla ligado de manera natural a la lengua y al significado social ¿cómo puede un niño sordo sin una lengua construir su mundo? Baja autoestima, aislamiento social del niño y angustia y ansiedad de los padres son algunas de las consecuencias de una barrera comunicativa en la infancia. En este contexto, las personas sordas tienden a tener escasa formación, empleos de bajo estatus y bajos ingresos. El rechazo social y la alienación de la comunidad oyente mayoritaria refuerzan su visión de sí mismos como grupo cultural y lingüístico minoritario. Sin embargo, quienes son culturalmente sordos no se consideran a sí mismos como discapacitados o minusválidos, sino como miembros de la así llamada comunidad sorda; la pertenencia a esta comunidad debe labrársela uno mismo y ser sordo o tener cierto grado de pérdida auditiva no es el único criterio para una potencial inclusión: una lengua común, experiencias compartidas, la participación social y un sentido de identidad cultural son otros tantos criterios reconocidos; es más, en muchos casos, la pertenencia a la comunidad sorda sirve de “terapia” para las personas sordas, enfatizando asimismo la importancia de utilizar métodos de educación bilingüe–bicultural con los niños sordos en vez de métodos de educación oralistas.

La sordera adquirida en la edad adulta es de naturaleza diferente: cuando el lenguaje ya se ha aprendido y está en uso, se rompe la comunicación; las personas entonces se muestran reacias a cambiar o a adaptar su medio de comunicación habitual y encuentran extremadamente duro adaptarse a la nueva situación. Los cambios producidos tras su pérdida auditiva les parecen un obstáculo insalvable al que enfrentarse por sí solos. Vergüenza, pérdida de confianza en uno mismo, ira y resentimiento son algunos de los sentimientos más comunes a los que tienen que enfrentarse cada día; huyen de los grupos ruidosos y los desconocidos y manifiestan una preferencia creciente por permanecer solos en casa en vez de salir, lo que en muchos casos conduce a la inactividad, la depresión y el aislamiento. Surge un rechazo persistente de la nueva situación a la que se considera como algo ilegítimo, de lo que avergonzarse o que hay que ocultar; de ahí viene en gran parte el disgusto o el rechazo a las prótesis auditivas. La sordera en la tercera edad puede traer aparejadas dificultades adicionales tales como la incapacidad para insertar el audífono - por citar sólo una de ellas -, pues la pérdida auditiva relacionada con la edad implica tanto una adaptación a esa circunstancia, como a la ancianidad misma.

Por último, aun cuando cada vez más el número de personas con pérdida auditiva en la edad adulta es mayor que el de aquellas con pérdida auditiva temprana, las personas del segundo grupo tienden a estar mejor organizadas y a ser más activas. El uso sistemático de una clasificación similar a la descrita unas líneas más arriba, contribuiría en gran medida no sólo a obtener cifras exactas sobre tal diferencia, sino también a llevar a cabo y evaluar cualquier tipo de actuación.

Promoción de la salud y personas sordas

Está clara, pues, la heterogeneidad de la población sorda y cómo este hecho ha dado lugar a que resulte más difícil establecer una serie de medidas generales para tratar los diferentes asuntos a los que se enfrenta esta comunidad.

Resulta también fácil comprender por qué en la actualidad hay tantas asociaciones y organizaciones (formadas por personas sordas prelocutivas, padres de niños sordos, personas con implantes cocleares, personas sordas postlocutivas, e intérpretes entre otras), por no mencionar las feroces disputas, de las que resultan confrontaciones y desacuerdos, a que con frecuencia se ven arrastradas.

Resumiendo: la sordera implica diversidad y la diversidad en relación con una incapacidad auditiva necesita ser reconocida, comprendida y, lo que es más importante, respetada.

Resulta paradójico, si no altamente reprobable, que en nuestros días todavía exista una enorme brecha entre la legislación y sus recomendaciones a favor de la igualdad de oportunidades para personas con discapacidad auditiva por una parte (la Resolución del Parlamento Europeo sobre las Lenguas de Signos, 1988;25 las Normas Uniformes sobre la Igualdad de Oportunidades de las Personas con Discapacidad de la ONU, 1993;26 la Comunicación de la Comisión de la Unión Europea, 1996,27 sólo por mencionar unas pocas) y por otra parte, los signos de incipiente atención prestada a la sordera que aparecen en muchos países.


Última edición por Admin el Lun Dic 08 2008, 21:55, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: EMPONDERANDO A LOS SORDOS   Lun Dic 08 2008, 21:51

Las iniciativas de la Unión Europea, tanto en el ámbito nacional como transnacional, están llevando a cabo una contribución significativa al empoderamiento de las personas sordas, aunque conllevan también ciertos riesgos que deben ser señalados. Mencionaremos dos de tales proyectos para ilustrar tales riesgos: por ejemplo, en lo referente al Capítulo de Empleo de la iniciativa HORIZON del Fondo Social Europeo, se debería garantizar que la distribución de proyectos a las organizaciones de personas sordas con diferentes objetivos y niveles de concienciación sorda se lleva a cabo desde una base igualitaria. En la misma línea, la Iniciativa Tecnológica para Discapacitados y Personas de la Tercera Edad debería garantizar que los aparatos que se desarrollan en la actualidad se distribuyen a todos los países y que esta distribución implica también precios asequibles para sus usuarios.

El primer paso a la hora de proporcionar asistencia sanitaria de calidad a las personas sordas es conocer, comprender y tener en cuenta los aspectos culturales, lingüísticos, sociológicos, psicológicos, educativos y protésicos de la discapacidad auditiva. Los profesionales que atienden a las personas sordas deben ser conscientes de lo que implica ser sordo y los obstáculos que deben salvar estas personas, para ser capaces de utilizar sus conocimientos a la hora de aconsejar, asesorar y defender los intereses de las personas para las que trabajan. Pero al mismo tiempo, las personas sordas deben ser conscientes y estar bien informadas acerca de lo que deben esperar y exigir del sistema asistencial sanitario, de esta forma podrán utilizar con sensatez esos servicios y tomar decisiones justificadas acerca de la forma en que quieren vivir sus vidas.

Empoderando a los sordos
El concepto de empoderamiento es extremadamente complejo. Los modelos de empoderamiento se caracterizan por una estrategia de cambio, que va de abajo hacia arriba (de la comunidad a quienes toman las decisiones), y un marco contextual amplio.

El empoderamiento implica, ante todo, la concesión de poder y autoridad a una persona; en este sentido se ocupa de una redistribución de recursos y de poder, lo que saca a relucir la cuestión de si el incremento de poder conferido a un grupo de personas no significa de forma automática la disminución del poder de otros.

Dentro de este marco se considera que las personas sordas están completamente capacitadas para representarse a sí mismas y para tomar decisiones acerca de su salud, así como participar en el trabajo de asistencia sanitaria.

Parece claro y sencillo poner en práctica la noción de empoderar a las personas sordas; sin embargo el tema no es simple y merece ser analizado con más detenimiento. Los intentos por incrementar el poder de las personas, que se han llevado a cabo en la práctica, normalmente han dado lugar a situaciones altamente reprensibles de dominación/subordinación; el poder, por consiguiente, se nos aparece como algo que se encuentra en las manos de unas pocas personas que lo ejercen sobre otras. Si lo aplicamos a la sordera, conduce a una lamentable dualidad oyente/sordo, que lejos de reducir la brecha entre ambas situaciones contribuye a agravarlas. Las estrategias encaminadas a empoderar a las personas sordas no deberían dar lugar a que se invierta la situación actual arriba mencionada.

Sin embargo, el poder-sobre no es la única opción existente. El empoderamiento puede también entenderse como poder–para, que alude al poder como sinónimo de capacitación – es decir, la necesidad de incrementar la capacidad de toma de decisiones de las personas -. También puede aludir a poder–con, que remite a la idea de que la gente se siente más poderosa cuando está organizada y trabaja persiguiendo un mismo objetivo; en este sentido, el poder–con promueve el fortalecimiento de las organizaciones, las redes sociales y las alianzas. Finalmente la transferencia de poder puede entenderse también como poder–adentro, que se basa en el incremento de la autoestima, la autoaceptación y el auto-respeto de las personas.


IDEAS CLAVE

- El punto de vista médico en la clasificación de la sordera no encaja con las necesidades de las estrategias de promoción de la salud, en la medida en que los miembros de la comunidad sorda definen la sordera como un fenómeno cultural más que audiológico.
- El estigma patológico, los estereotipos negativos y las actitudes llenas de prejuicios con respecto a las personas sordas han influido desfavorablemente en las políticas médicas, legales y educativas. Las personas sordas son discapacitadas más a causa de sus transacciones con el mundo oyente que por la patología de su sordera.
- Al abordar esta cuestión social, podrían identificarse cinco estrategias: fomento de la legislación relativa a las barreras de comunicación, provisión de la información necesaria, mejora de la capacidad de adaptación al cambio de los individuos, mejora del entorno de asistencia sanitaria y mejora de la comunicación paciente–médico.

Poder–para, poder–con y poder–adentro, conllevan el respeto y la aceptación de otras personas como iguales y contribuyen a que cristalice la noción de complementariedad en vez de la de dualidad y exclusión; sin embargo, deberíamos ser conscientes de que cualquier acción dirigida a empoderar a las personas sordas, ha de tener en cuenta no sólo el riesgo que existe de incrementar los conflictos en vez de reducirlos si no también asegurarse de que las personas sordas son conscientes de tal riesgo.

Estas tres dimensiones de empoderamiento no se excluyen mutuamente, ésta es la razón por la que las estrategias, aun cuando se dirijan a promover una de las tres dimensiones, no deberían nunca considerarse como restrictivas sino más bien en el sentido de que contribuyen a un mismo objetivo. Algunas de estas estrategias incluyen las siguientes:


Fomentando la legislación relativa a las barreras de comunicación

Tanto para proteger los derechos de las personas sordas como para tomar medidas legales cuando se infringen las leyes.

- El impulso que se da actualmente en algunos países de la UE - y en particular en España -, a la eliminación de las barreras arquitectónicas, urbanas y en el transporte, debería incluir también la eliminación de las barreras de comunicación como objetivo diferenciado y no como parte de los otros tres objetivos.

- El alto grado de incumplimiento de las leyes que rigen la eliminación de barreras e igualdad de oportunidades, debería supervisarse y atajarse.
- La legislación relativa a la eliminación de barreras - con demasiada frecuencia incompleta - debe ser realizada y regulada de forma que pueda llevarse a la práctica en breve.
- La legislación que se desarrolla en muchos países, para ser aplicada sólo en ciertas regiones dentro de ellos, debería ampliarse para darle una dimensión nacional.
-La legislación no debería centrarse sólo en el transporte, la educación y la administración sino también en el ámbito sanitario; por ejemplo, la regulación actual en algunos países del sur de la UE relativa a la presencia de intérpretes o personas con formación en lengua de signos en aeropuertos, y estaciones de autobuses y trenes, debería extenderse también a los centros de asistencia sanitaria.

Proporcionando la información necesaria

Uno de los obstáculos a los que tienen que enfrentarse numerosas personas sordas como parte de su vida diaria es la privación abrumadora de su derecho al acceso a la información. Esto se debe principalmente al hecho de que muchos de ellos no pueden seguir las noticias en la televisión o, por ejemplo, leer un periódico. Como consecuencia, muchas personas sordas se reúnen regularmente en sus asociaciones locales, por lo que las asociaciones de personas sordas se convierten en una forma de buscar la interacción unas con otras, de acceso a la cultura e intercambio de información. En muchos países de la UE, particularmente en los del sur, la provisión de información en asuntos sanitarios la organiza la asociación y normalmente adopta la forma de breves e infrecuentes charlas acerca del SIDA, el embarazo o cualquier otro tema relacionado con estos, de lo que se concluye que:


- Se debería contactar con las asociaciones, federaciones y organizaciones de personas sordas como lugares naturales que son para ellas, aprovechándolos para proporcionar información a aquellas; además deberían alcanzarse acuerdos entre los proveedores de asistencia sanitaria y los presidentes de las asociaciones, de forma que las charlas sobre temas de salud no dependan por más tiempo exclusivamente de la buena voluntad y la iniciativa de la asociación sino que cubran una serie variada y amplia de temas y sean impartidas por profesionales con formación para tratar con personas sordas. Esto podría llevar también a la realización de cursos básicos en lengua de signos para profesionales, que darían como resultado un mayor grado de confianza y una mejora en la comunicación médico–paciente.

- Se deberían crear o mejorar - en el caso de que ya existan - los sistemas de subtitulación de televisión, así como de los programas de noticias, haciendo que sean la regla y no la excepción, incorporando la lengua de signos a los programas para aquellos cuyo medio de comunicación preferido es la lengua de signos o cuya comprensión lectora es muy pobre y, lo que es más importante, emitiéndolos a horas en que las personas sordas puedan verlos.
- Se debería recurrir a los servicios de intérpretes, conociendo sus limitaciones, cómo trabajan y la forma de contactar con ellos.
Mejorando la capacidad, de adaptación al cambio, de los individuos
Deficiencia, discapacidad y minusvalía son tres aspectos de la misma realidad; sin embargo en ocasiones, las acciones que se centran en la deficiencia y/o la discapacidad pueden dar como resultado su conversión en una minusvalía cuando el objetivo perseguido había sido el opuesto. Las estrategias a seguir deberían, por consiguiente, incluir las siguientes:

- Desarrollo de programas que respondan a las necesidades de las familias, puesto que el empoderamiento de la familia tiene muchos beneficios para el niño sordo.30
- Desarrollo de programas que sean sensibles a las diferencias lingüísticas y culturales de las personas sordas.
- Inicio de programas de rehabilitación que apoyen las limitaciones funcionales, los problemas y las demandas específicas de las personas con sordera adquirida en la edad adulta.
- Ayuda a los pacientes sordos, para enfrentarse y examinar sus necesidades y desarrollar estrategias para resolver algunas de las consecuencias de su sordera: estrés, soledad y/o aislamiento.

Mejorando el entorno de asistencia sanitaria
Uno de los objetivos de cualquier lugar de asistencia sanitaria, debería ser la planificación y diseño de un entorno libre de barreras de comunicación; esto podría llevarse a cabo:

- Equipando las instalaciones con vídeo–teléfonos, teléfonos de texto, faxes y acceso a Internet. Esto siempre debería ir acompañado de una consulta previa a las organizaciones y representantes de las personas sordas.
- Instalando sistemas de emergencia por vía visual/luminosa.
- Instalando sistemas de amplificación sonora para usuarios de prótesis auditivas.
- Instalando sistemas visuales de aviso e información importante mediante rótulos, paneles o a través de símbolos gráficos.


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MensajeTema: Re: EMPONDERANDO A LOS SORDOS   Lun Dic 08 2008, 21:51

Mejorando la comunicación paciente–médico

Un tema recurrente en la literatura científica de los últimos años lo constituye la preocupación creciente por la relación médico–paciente sordo.33-36 La necesidad de que los médicos sean conscientes y comprendan los problemas relacionados con la función comunicativa, la baja autoestima y el funcionamiento social, se ha señalado y enfatizado a fin de:

- Tratar la crisis inicial de los padres y sus consecuencias – resistencia por parte de los padres a aceptar el trastorno auditivo de sus hijos,38 sentimiento de culpa, dolor, impotencia, separación afectiva, “búsqueda frenética de otro diagnóstico médico” – al informarles de la sordera irreversible de su hijo.
- Dar respuesta a la búsqueda de asesoramiento por parte de los padres en cuanto a la mejor educación para sus hijos a la hora de ser escolarizados.39
- Ayudar a los pacientes sordos y a sus familias a superar las actitudes negativas hacia su estatus auditivo.
- Contribuir a la aceptación de la ayuda protésica, incrementando la autopercepción y la concienciación acerca de su nuevo estatus auditivo; discutiendo las actitudes relacionadas con el prejuicio estigmatizador que hace que la gente se resista a probar los audífonos; fomentando el uso de aquellos audífonos que sean asequibles para ellos y estén a su disposición; y ayudándoles a elegir la ayuda más adecuada para su tipo de sordera y su edad.
- Reducir y disipar algunos de los serios malentendidos que los médicos pueden provocar durante la evaluación médica (subestimando la inteligencia de sus pacientes, confiando al cien por cien en la lectura labial, dando explicaciones excesivamente simples) debido al desconocimiento de los problemas de comunicación específicos, necesidades y derechos de sus pacientes sordos (derecho a la asistencia de un intérprete y a emplear la lengua de signos).
En resumen, la sordera es un fenómeno social más que simplemente una patología, de ahí la necesidad urgente de eliminar el estigma asociado a ésta como patología. La comunicación se rompe porque falla el lenguaje y el lenguaje, como todos sabemos, es la herramienta esencial de la socialización humana. El punto de partida esencial para cualquier actuación relacionada con la asistencia sanitaria es la comprensión de los mecanismos que rigen la conducta y la producción lingüística, cómo lengua y cultura son parte de la misma realidad, cuáles son las opiniones, necesidades y conocimientos de las personas sordas y cuáles las actitudes, ideas, creencias y suposiciones públicas con respecto a la sordera y a la audición. Los profesionales de la medicina tienen la responsabilidad de revisar y cuestionar el modelo médico tradicional sobre la sordera, que pone el énfasis en la condición patológica no sólo en el diagnóstico y tratamiento de los pacientes sordos, sino también en cómo definen las necesidades de las personas sordas. Es más, debido a su fuerte trascendencia cultural, la investigación médica sobre la sordera no debería ignorar por más tiempo los hallazgos procedentes de áreas no médicas al planificar su agenda investigadora y el diseño de sus estudios.


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MensajeTema: Re: EMPONDERANDO A LOS SORDOS   Jue Mayo 28 2009, 11:31

En la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes se puede ver un resumen de este artículo en video signado:

http://www.cervantesvirtual.com/portal/signos/cult_com/r000001/

.
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