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 ¿SEXISMO LINGÜÍSTICO O SEXISMO SOCIAL? - C. Moriyón, I. Sobrón, S. Valdespino

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MensajeTema: ¿SEXISMO LINGÜÍSTICO O SEXISMO SOCIAL? - C. Moriyón, I. Sobrón, S. Valdespino   Lun Feb 02 2009, 22:18

Una compañera nos ha enviado copia de este artículo, publicado en Faro del Silencio, en el que se analiza si la lengua de signos es o no es sexista.

¿SEXISMO LINGÜÍSTICO O SEXISMO SOCIAL?
Autores:
Carlos Moriyón Mojica
Indalecio Sobrón Salazar
Silvia Valdespino Núñez
(Universidad de Valladolid)

INTRODUCCION

Nadie discute hoy que las lenguas constituyen herramientas que permiten a quienes las usan clasificar y estructurar la realidad que los rodea. Tampoco, el que el uso social que se hace de algunas de ellas resulta sexista y, en consecuencia, abiertamente discriminatorio. Prueba de ello son, además de los numerosos trabajos dedicados al tema en muy diversas lenguas naturales, la serie de eventos de muy distinta naturaleza que reúnen cada día a los especialistas.

Contagiadas por los modelos culturales de los que son producto y a los que sirven, las lenguas naturales suelen recoger en sus unidades léxicas, e incluso en su estructura gramatical formas, criterios y actitudes de esa cultura. Y como quiera que el sexismo ha caracterizado la mayoría de las culturas contemporáneas, se ha visto como lógico que, en mayor o menor medida, sus respectivas lenguas reflejen esa situación. Así, casi siempre por razones histórico-culturales, las lenguas han venido ejerciendo de vehículos mediatizadores del pensamiento y la conducta de quienes las emplean, a quienes predisponen para aprehender la realidad desde una perspectiva ya viciada desde su origen por la discriminación sexual y social que caracteriza a las sociedades de las que son producto. Buena cuenta de ello da el hecho probado de la relación existente entre el grado de sexismo social y el grado de identificación género-sexo de la lengua vehicular de esa sociedad. Asimismo, el de que las sociedades matriarcales generaron lenguas en las que el nexo género-sexo es prácticamente nulo (García Meseguer, 1981:10).

LA LSE, ¿UNA LENGUA SEXISTA?

En este trabajo, nos acercamos a la Lengua de Signos Española (LSE), la lengua natural de la comunidad sorda de España, para tratar de mostrar que, como producto de la opresión ejercida por los grupos oyentes dominantes sobre la comunidad sorda en general, ésta se ha desarrollado como una sociedad crecientemente igualitaria, razón por la que su lengua natural, la LSE se muestra como un sistema carente de los rasgos sexistas presentes en la lengua oral, a la que, por otra parte, parece deber, también, algunas de las escasas muestras de sexismo lingüístico y cultural apreciables en ella.

La naturaleza visual de la LSE condiciona no sólo la manera en la que se presentan las formas de expresión que vehiculan los contenidos lingüísticos, sino que es responsable, además, de esa mayor dependencia de la lengua de la realidad física y socio-cultural de la que es reflejo. No en vano hasta hace muy poco se pretendía desconocer su naturaleza lingüística con el absurdo pretexto de que muchos de sus signos lingüísticos adolecían de un carácter abiertamente motivado. Es esa obligada mayor correspondencia con la realidad la que nos permite hoy postular que si la LSE no manifiesta un sexismo lingüístico notoriamente apreciable ello obedece, principalmente, a que la comunidad de la que es producto cultural no presenta el carácter sexista de otras sociedades.

Como se sabe, el género gramatical es un rasgo característico de muchas lenguas y, precisamente, el rasgo lingüístico que en mayor medida refleja la clasificación típica de los seres humanos de una sociedad (Frank, 1985:27). De ahí, que constituya el núcleo central de la mayoría de los trabajos dedicados al tema del sexismo lingüístico y del lenguaje discriminatorio. La influencia que la categoría gramatical de género tiene en las reacciones lingüísticas ante las nuevas actitudes hacia los papeles y roles sociales de los sexos –objeto de un buen número de trabajos, congresos, jornadas y reuniones- evidencia, además, su importancia en el tema que nos ocupa.

En la tipología lingüística, las clasificaciones de lenguas según los aspectos formales del género no han contemplado las lenguas de signos. Y menos la LSE. A pesar de ello, queda claro que ésta no es, como el húngaro o el chino, una lengua sin género. Tampoco, como el inglés, una lengua que haya perdido la categoría de género gramatical pero que conserva la de género natural, de base semántica. Como el español oral, la LSE conserva para el sustantivo la categoría gramatical de género, que le permite distinguir, por ejemplo, entre NIÑA y NIÑO o entre ABUELO y ABUELA, pero, a diferencia de aquella, no exige la concordancia con el adjetivo o el predicativo y carece de artículo, lo que le permite la configuración de estructuras gramaticales no dominadas en principio por la concordancia.
Por otra parte, la naturaleza visual de la LSE impone a la categoría de género restricciones que la llevan a la no distinción, por innecesaria en la mayoría de los casos, de los agentivos para nombrar oficios y profesiones, aspecto que contribuye, en gran medida, a la eliminación de la dualidad supuesta por las formas marcadas frente a las no marcadas y consecuentemente, como ocurre en español oral, al empleo genérico del masculino como forma no marcada. Como consecuencia de ello, cuando la realidad evidencia la presencia en un grupo de personas de sexo masculino y de sexo femenino, la LSE restringe el empleo del afijo de género y se vale únicamente del lexema, que cubre a ambos grupos. Con ello, es la propia lengua, la que resuelve el conflicto entre género natural – género gramatical, permitiendo que el primero se imponga sobre el segundo, contribuyendo a reducir las tensiones lingüísticas y oponiéndose, con ello, a la situación de inestabilidad capaz de devenir en una solución sexista de discriminación. Obsérvese la estructura gramatical dominante en la siguiente secuencia de oraciones:

O-NIÑ-+++ IR PLAYA AUTOCAR SUBIR
(Los niños que vayan a la playa suban al autocar
[Grupo de niños])

A-NIÑ-+++ IR PLAYA AUTOCAR SUBIR
(Las niñas que vayan a la playa suban al autocar
[Grupo de niñas])

NIÑ-+++ IR PLAYA AUTOCAR SUBIR
(Los niños que vayan a la playa suban al autocar
[Grupo de niños y niñas])

Como dejan ver los ejemplos anteriores, cuando el grupo aparece conformado por niños y niñas, no aparece la marca de género –el prefijo en este caso-, lo que evita el sexismo y la consecuente discriminación lingüística. Ello no impide el que, como es lógico, en el caso de que se desee marcar el género, pueda aparecer otra variante con marca de género, pero ésta no resulta, en ningún caso, discriminatoria.
O-A-NIÑ-+++ IR PLAYA AUTOCAR SUBIR
(Los niños y las niñas que vayan a la playa suban al autocar)
Las razones que motivan el orden de aparición de los prefijos de género no puede hacer pensar, en ningún caso, en un problema de sexismo lingüístico, pues responde a una de las leyes generales de la articulación en la LSE, que refiere a la economía articulatoria. A pesar de ello, como veremos luego, la propia estructuración del signo, al menos en lo que concierne a su punto de articulación, sí puede hacer pensar en que, en su origen, el signo pudo tener una motivación social sexista.

El análisis de la estructura gramatical de la LSE evidencia que, a diferencia del español oral, no existen en ella rasgos que permitan hablar de sexismo propiamente lingüístico, hecho que, consecuentemente, impide hacerlo de lenguaje discriminatorio.

¿SEXISMO LINGÜÍSTICO O SEXISMO SOCIAL?

La afirmación anterior no es óbice para que podamos reconocer como elementos con connotaciones sexistas la existencia de ciertos rasgos sociales que, como es lógico, tienen su manifestación en la lengua. Nos referimos, por ejemplo, a aspectos léxicos que parecen haber tenido una motivación social sexista. Así, por ejemplo, los signos que corresponden a MARIDO y MUJER, suelen ser distinguidos en su articulación por algunas comunidades, que articulan el primero con los dedos índices y el segundo con los meñiques, hecho interpretado por la propia comunidad sorda como probablemente sexista en su origen. Otro tanto ocurre con los signos correspondientes a PADREA y MADRE, que parecen haber atendido a motivaciones sexistas de la sociedad, ya que el primero se articula sobre la frente y el segundo sobre la boca, lo que hace presumir que, al menos en su origen, reflejaron la idea de intelectualidad, asociada al hombre, y la de silencio, al que era obligada la mujer. Dos últimos signos vienen a reforzar esta idea. Son los de HOMBRE y MUJER. El primero, como el de PADRE, vuelve a articularse sobre la frente, con todas las posibles connotaciones a que ello pueda dar lugar, y es un signo cuyo ritmo rápido, su brusca interrupción y los componentes prosoponemáticos –orofaciales- de los que se acompaña, parecen reproducir ideas ampliamente conocidas. El segundo, por su parte, se articula en el lóbulo de la oreja, con lo que mantiene una estrecha relación con la acción de llevar pendientes, atribuida no hace tanto tiempo únicamente a las mujeres. El queirema y el prosoponema del mismo signo refuerzan, también, la misma idea.

Los ejemplos precedentes parecen confirmar el hecho de que en tanto el sistema simbólico que refleja la experiencia cultural, la LSE ha sufrido la influencia de condiciones y características sociales, determinantes en la conformación de algunas de sus unidades léxicas. A pesar de ello, estimamos que se trata, únicamente, de muestras de sexismo social y cultural reflejadas por algunos aspectos sociolingüísticos, pero en ningún caso propiamente lingüísticos. Qué duda cabe de que las asociaciones – subjetivas o convencionales, individuales o grupales- que la realidad despierta en la mente de quienes hacen uso de una lengua pasan a ésta, con lo que las palabras y/o los signos resultantes no son más que el fruto de la herencia socio-cultural de la sociedad que las motiva. En el orden de cosas de que nos ocupamos aquí, un signo más llama poderosamente la atención. Nos referimos, por ejemplo, al signo de SÁBADO, signo que refiere al acto de afeitarse y, ligado por tanto, únicamente al hombre y a su costumbre de afeitarse, antiguamente sólo los sábados. Otro signo especialmente interesante es el que representa al número CUARENTA, no sólo equivalente a otro más vulgar, el de COÑO, sino que parece responder, asimismo, a motivaciones claramente sexistas, pues se asociaba, en su origen, al período de cuarenta días que, según creencias ancestrales, la mujer debía permanecer sin actividad sexual después de haber alumbrado. El signo está asistiendo hoy, aunque todavía no en Castilla y León, a una fuete regresión en su empleo, motivada sin duda por los movimientos interesados en eliminar cualquier vestigio sexista en la LSE.
Algunos hechos más merecen nuestra atención. Se trata, en primer lugar, de un uso lingüístico que sí puede interpretarse como claramente sexista, pero que afortunadamente se reduce a dos o tres voces, ligadas directa o indirectamente al sexo o a las zonas corporales relacionadas con éste, y que son manifestados de forma diferenciada por hombres y mujeres. Tal es el caso, por ejemplo, del signo de PECHO o TETA, articulado con distinto queirema y distinto toponema por mujeres y por hombres. Estos últimos maneja, además, una variante más vulgar, no empleada jamás por las mujeres. Lo mismo ocurre con el signo SERVICIO, que los hombres asocian a la acción de orinar, mientras que las mujeres se decantan por un signo bastante más arbitrario. En segundo lugar, nos referimos a un aspecto claramente social pero que, como es lógico, tiene su reflejo en la lengua. Guarda relación con el ritmo de articulación, generalmente más pausado en las mujeres signantes. Para nosotros, se trata de una clara evidencia cultural de la influencia de la estructura social sobre la lengua, pues estimamos que es la educación la responsable de “controlar” el ritmo de articulación de las mueres, que no debían “ser como” ni parecerse a los hombres. Por último, en este mismo grupo de fenómenos, ubicamos los aspectos referidos a la temática de las conversaciones. Es evidente que el hecho de que los temas de conversación de los hombres difieran de los de las mujeres no es un problema lingüístico, sino el reflejo de una educación castradora que impedía a las mujeres su participación en ciertos lugares, círculos y temas, las recluía y las limitaba a desempeñarse lingüísticamente en un ámbito extremadamente reducido.
Por razones de espacio nos limitamos a exponer un último hecho que, aunque sin duda abiertamente sexista, no responde, para nosotros, a un caso de sexismo lingüístico y, ni siquiera, a sexismo social sordo, sino a la decisiva influencia que la lengua oral ha ejercido, desde su postura dominante, sobre la lengua de signos. Se trata de una expresión que refleja una circunstancia social claramente discriminatoria y que relega a la mujer y le niega, incluso, su derecho a pertenecer a una categoría humana. Nos referimos al hecho de que, ante una situación de debilidad, se exija a la mujer que se comporte, no como una “mujer adulta”, sino como un “hombre”, con una expresión equivalente, en español oral, a “¡Sé un hombre!”, situación absolutamente denigrante. La idea puede quedar representada por tres formas de expresión diferentes:
¡ HOMBRE ! - ¡ HOMBRE FALTA ! - ¡ HOMBRE HABER-NO !
La estructura de la construcción y su correspondencia con una frase desafortunadamente harto conocida y empleada en el español oral hace pensar que, sin duda, en una sociedad permanentemente oprimida como la sorda, la expresión fuera adoptada desde la lengua oral y, por desconocimiento de ésta, aplicada indistintamente a hombres y mujeres.



Última edición por Admin el Lun Feb 02 2009, 22:29, editado 4 veces
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MensajeTema: Re: ¿SEXISMO LINGÜÍSTICO O SEXISMO SOCIAL? - C. Moriyón, I. Sobrón, S. Valdespino   Lun Feb 02 2009, 22:18

La influencia que la cultura y la lengua oral ejercen sobre la cultura sorda y su lengua de signos parece acrecentarse con el considerable aumento del creciente contacto entre sordos y oyentes. Y ello, naturalmente, deja su huella en la lengua de signos, como lo demuestran algunos signos de reciente creación y ubicados, sobre todo, en el ámbito deportivo o en el de la rivalidad entre pueblos y ciudades. Así, para aludir a expresiones como “Puta Burgos”, con la que los hinchas de un equipo de fútbol se burlan de los del otro, en la LSE se recurre a la modificación de los parámetros de configuración del signo, desde motivaciones claramente sexistas. Véase, en este sentido, la articulación de los signos BURGOS o VALENCIA cuando éstos se cargan del matiz [+burla]. La expresión empleada para referir a aquella situación en la que, por su carácter, la mujer parece imponerse sobre su marido, refuerza la idea anterior y da cuenta de cómo la comunidad sorda recurre a distintos procedimientos para alejarse del sexismo de la lengua. Así, mientras en la lengua oral empleamos frases del tipo de: “Es la mujer la que lleva los pantalones”, con la que se hace evidente que es la mujer la que asume un rol distinto al que le está dado asumir y se obvia el papel del hombre, en la LSE, por su parte, no se pone en evidencia a la mujer, sino al hombre, pues la construcción se hace equivalente a algo así como “El marido lleva falda”. Ambas construcciones presentan connotaciones sexistas, pero mientras en la lengua y en la sociedad oral se critica a la mujer, en la lengua de signos y en la sociedad sorda se pone en evidencia al hombre.

CONCLUSIÓN

Creemos haber mostrado que la LSE, lengua natural de la comunidad sorda de España, no presenta rasgos sexistas intrínsecos, aspectos a los que contribuye su propia naturaleza visoespacial y su estructura gramatical, que no tiene la categoría artículo y huye, por innecesaria, de la concordancia excesiva. Asimismo, hemos dado cuenta de que los pocos rasgos sexistas que es posible apreciar en ella no son más que el reflejo de un sexismo social de la propia comunidad sorda y, la mayoría de las veces, de la sociedad oyente, que, desde una postura de dominancia social, se ha impuesto negativamente sobre la sociedad sorda y, desde ella, también sobre su lengua. Pero lo que nos parece más importante de nuestro planteamiento es la constatación de que el sexismo lingüístico es directamente proporcional al sexismo social. Y que, independientemente de cuáles sean las razones, sociedades menos sexistas como la comunidad sorda española presentan lenguas con menos rasgos sexistas.

Dado que consideramos fundamental el tratamiento informativo que las mujeres tienen y deben tener en los medios de comunicación, y que tal tratamiento es en gran medida lingüístico, queremos concluir que, de los resultados expuestos en torno a la Lengua de Signos Española parece desprenderse que aquellas empresas empeñadas en reducir el sexismo lingüístico – incluso con medidas risibles como la del empleo del signo “@”, tan extraño a la lengua española- han de resultar estériles pues queda claro que los cambios lingüísticos sólo se aceleran cuando las sociedades experimentan cambios socio-culturales –no lingüísticos- acelerados. La lengua es, decía García Meseguer (1988:242), “el principal agente para la asimilación de formas, criterios y actitudes de la cultura”. Ni más, ni menos. Así las cosas, la supresión, por decreto, del sexismo lingüístico no resulta suficiente para reducir el carácter sexista evidenciado por una determinada sociedad. Es contra este sexismo social y cultural contra el que debe abrirse frente de batalla, porque sólo un cambio en este nivel, traerá consigo la desaparición del sexismo lingüístico y, con él, el problema del “lenguaje discriminatorio”.





REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
ACKER, Sandra (200), Género y educación. Reflexiones sobre mujeres, enseñanza y feminismo. Madrid. Narcea.
ARIAS BARREDO, Anibal (1995), De feminismo, machismo y género gramatical. Valladolid, Universidad.
CATALÁ GONZÁLVEZ, Aguas-Vivas y GARCÍA PASCUAL, Enriqueta (1990), El sexismo en el lenguaje. Valencia. Instituto Valenciano de la Mujer (Curso de Formación del Profesorado en Coeducación)
CONSEJO DE EUROPA (1986) Igualdad de sexos en el lenguaje. Consejo de Europa (Comisión de terminología en el Comité para la igualdad entre mujeres y hombres).
DEMONTE, Violeta (1982) Lenguaje y sexo. Notas sobre lingüística, ideología y papeles sociales. En M.A. Durán (ed.) Liberación y utopía. Madrid. Akal. 61-79
DEMONTE, Violeta (1982) Naturaleza y estereotipo: la polémica sobre un lenguaje femenino. Actas de las I Jornadas de Investigación Disciplinaria. Madrid. Universidad Autónoma. I. 215-222
FRANK, Francine W. (1985) El género gramatical y los cambios sociales. Español Actual (I.C.I.) 43, 27-50.
GARCÍA MESEGUER, Alvaro (1977), Lenguaje y discriminación sexual. Barcelona. Montesinos. 1988.
GARCÍA MESEGUER, Alvaro (1981), El lenguaje y los sexos. Comunicación presentada en el Seminario de la Mujer. Facultad de Sociología. Universidad Autónoma de Madrid.
GARCÍA MESEGUER, Álvaro (1994), ¿Es sexista la lengua española? Una investigación sobre el género gramatical. Barcelona. Paidós.
GONZÁLEZ GABALDÓN, Blanca (1999), Los estereotipos como factor de socialización en el género. Comunicar, 12 (Estereotipos en los medios. Educar para el sentido crítico) 79-88
IÑARA, Miguel (1996), Lenguaje y discriminación sexista. TEXTOS de Didáctica de la Lengua y la Literatura, 9. Las otras literaturas. Barcelona. Graó. 133-135
LOANO DOMINGO, Irene (1995). Lenguaje femenino. Lenguaje masculino. Madrid. Minerva.
McCONNELL-GINET, Sally (1992). LENGUAJE Y GÉNERO. En F. Newmeyer (comp.) Panorama de la lingüística moderna de la Universidad de Cambridge. IV El lenguaje: contexto socio-cultural. Madrid. Visor, 99-126
M.E.C. (1986) Recomendaciones para el uso no sexista de la lengua. Madrid. M.E.C. (Serie Coeducación. Plan para la igualdad de oportunidades para las mujeres), 1988.
ROMAINE, Suzanne (1996), Lengua y género. El lenguaje en la sociedad. Una introducción a la sociolingüística. Barcelona. Ariel Lingüística. 123-162
SILVIA CORVALÁN, Carmen (1989) Diferenciación lingüística y sexo. Sociolingüística. Teoría y análisis. Madrid. Alhambra. 69-75

Publicado en Faro del Silencio nº 191, noviembre/diciembre 2002.
(La publicación original incluye fotografías de los signos utilizados como ejemplos)
Fotocopias enviadas por una compañera. ¡Gracias, Flor!

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MensajeTema: Re: ¿SEXISMO LINGÜÍSTICO O SEXISMO SOCIAL? - C. Moriyón, I. Sobrón, S. Valdespino   Mar Mar 06 2012, 12:00



Ahora que la RAE ha reavivado el debate sobre sexismo y lengua, nos parece un momento estupendo para rescatar este artículo de Carlos Moriyón Y Silvia Valdespino, que reflexiona sobre el sexismo en la lengua de signos española.

A propósito, aquí tenéis el estudio de la RAE, por si queréis echarle un vistazo:



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